viernes, 18 de mayo de 2012

Sin ser y estar, estoy atrapada al ancla de un mañana que pesa más que toda una vida sin nombre, que toda una espera sin recuerdos.


Los rincones sucios albergan más que palabras. 

Mis ojos sólo veían esperanza aunque mi corazón sabía que no me convenía la muerte en vida. Una vida que realmente nunca deseé y a la que sin darme cuenta me aferraba, sin ver que mi vida no tenía nada que ver con esas cosas...
Un mundo lleno de sombras, problemas y mentiras. Cuando alguien se cree y recuerda sus propias mentiras, estamos hablando de alguien realmente devastador.


Mirando mi cara en el espejo sonrío sin más. La vuelta de mi ser a mi propia realidad.
La melodía alegre de mi sonrisa me devuelve las ganas de saber qué hay dentro de mi
.Es simple en realidad, ¿cómo no pude verlo antes?
Qué sorpresas me depara la vida. Un sinfín de cariño, caricias y besos robados para mi alma ansiosa. Era en cierto modo, la sombra de alguien a quien apenas reconozco.
La tragedia de un ser mezquino no hizo más que llenarme de buenas palabras sin demostrar quien era en realidad. Cuanto tiempo... ¿perdido?…debo darme prisa, pues soy yo la que corre ahora en la buena dirección. No merece la pena sonreir sabiendo que tras de ti se esconde un ser mediocre. Debe de ser duro estar en ese pellejo. 
No espero que nadie entienda mi alegría. 
Y tú, allí donde estés, rodeado de gente estarás sólo pues nadie te conoce realmente y nadie quierría permanecer a tu lado, si de verdad te conociese. Miente, manipula y esconde la verdad, pues es tan oscura que ni ella misma puede salir a la luz por miedo a la aberración…
Que nada separe mi mundo del real. 
Son mis pétalos de noche los que rodearán tu tumba, pues nada es para siempre.
La conciencia duerme junto a mi. Las pulsaciones interpretan mi inquietud y golpean mi pecho a cada minuto.
Como el sabio ingenuo que mira hacia otro lado ante la culpa. No me acostumbro a vivir en la soledad de mis pensamientos. Me atormentan, me señalan e intentan aniquilar mi libertad. Las horas pasan entre las frías sábanas y la dureza de mi almohada. Buscar el placer en el mal es algo intrínseco en el ser humano. ¿Qué tengo de especial? ¿A caso alguien puede lanzar la primera piedra? Este peso me encoje día tras día.
Los susurros de la noche como secunderos de un reloj anclado en el pasado atraviesan mis oídos. No puedo girarme y mirar a los ojos a mi propia conciencia, no lo soportaría…sabe que no me arrepiento de nada y sabe que repetiría una y otra vez todas las atrocidades de las que soy capaz.
Es mi condena por la libertad diurna. Cada noche al acostarme, en la quietud de mi recámara, espero atenta al olor extraño, al sonido de mi alma quejándose por lo que le espera…a la mala conciencia que se sienta junto a mi cama para hacerme soñar con el dolor de mis víctimas.