domingo, 5 de junio de 2022

Entrevista 2.

Es bien sabido que yo regreso a este lugar solo cuando estoy muy triste o creo que tengo algo que decir, pero entre más pasa el tiempo menos capaz me siento de escribir algo coherente. Hoy no fue la excepcion; vine a buscar algo que me ayudara a levantarme mañana con buena cara, a continuar el camino con optimismo y a seguir pensando que quizá ahora sí lo vaya a encontrar (sea lo que sea que llevo años buscando). Para mi fortuna o desgracia (porque todo depende del humor con el que se lea) no encontré cosas que se puedan leer en voz alta, en medio de una fiesta de cumpleaños, cuando se supone estás celebrando la vida y a quienes te acompañan; pero encontré unas preguntas que me gustaría responderme antes de cumplir veintisiete años, porque dicen que siempre es bueno actualizarse y mantenerse al tanto de lo que pasa en el mundo (sea lo que sea que eso signifique). 

"¿Quién es Abigail?" Me preguntaba. 
"Un ave de alas rotas, flor marchita, hoja seca, espina de un tallo sin raiz; amorfa, incolora, traslúcida, frágil, incompleta, defectuosa, rota; castigo, maldición, hechizo, karma, pesadilla, huracán, obstáculo, accidente, tropiezo; grito ahogado, nudo en la garganta, silencio incómodo, anochecer, parpadeo, suspiro; veneno, daga, herida, arma, bomba, azul; analogía, punto final, verso, estribillo, nota; palabra, boceto, dibujo, representación mental, personaje, tatuaje, sueño, deja vu; epílogo, posdata, conclusión, pie de página; drama, misterio, ficción, suspenso, utopia; mujer, niña; testatura, distraida, agridulce, rutinaria, envidiosa, insaciable, ilusa, crédula, intantil". Escribí.
Pero hoy he tachado todos los adjetivos que yo no me asigné, los que fui para alguien más, los que creyeron que era, los que me reclamaron "por ser" y los que no describen a la Abigail de veintesis. 

Ojalá fuera un ave, aún y cuando se le hayan roto las alas, pero yo aún no aprendo siquiera a volar. No soy una hoja seca porque llevo dentro todas las estaciones. No soy la espina de un tallo sin raíz, porque tengo bien presente en dónde estoy enterrada. Ni amorfa, ni incolora ni traslúdica, porque tengo un cuerpo que cambia constantemente y me permite descubrir aquello que está afuera de mí. No estoy incompleta ni defectuosa porque no soy una muñeca, aunque muchas veces me gustaría que me quisieran la escoba, el plumero y el recogedor. No soy un castigo, ni una maldición, ni un hechizo, ni una pesadilla, ni un obstáculo ni un accidente, ni una daga ni un arma, ni una bomba, porque no soy una película de terror ni un personaje de ficción . No soy un parpadeo porque cuando aparezco, o me voy, tardo más de un segundo en hacerlo. No soy un verso sino un poema entero, no soy un estribillo ni el coro ni una nota, soy un álbum completo. No soy un boceto ni un dibujo ni una representación mental, soy una galería entera. No soy un epílogo ni una dedicatoria ni un posdata y mucho menos una conclusión, porque aún no he terminado de escribirme. Y no lo digo con soberbia sino como algo que me costó mucho trabajo aceptar.

A veces me siento frágil aunque siempre me haya(n) repetido lo fuerte que soy. Aunque sepa lo fuerte que soy. Creo que sí estoy rota de algunas partes, pero ya no lo veo como algo malo (incluso, aprendí que es algo así como un estilo de arte japonés). Soy mi propio nudo en la garganta porque aún sigo aprendido a hablar(me) de manera efectiva. El anochecer es lo que llega cuando la luz se va y creo que no hay nada tan revelador para conocernos como los momentos en los que nos quedamos a obscuras, y yo llevo mucho tiempo en un cuarto sin focos. Trato de que mis relaciones se formen a partir de una analogía: una relación de semejanzas entre cosas que son disintas", porque me gustan los matices, las escalas, los degradados de color y las refracciones de la luz.

Soy el punto final que da pie a los párrafos nuevos; y estoy aprendiendo a ser el que cierra las ideas y ya no las deja pasar. El drama rige mi vida porque soy géminis con luna en virgo y ascendente en scorpio, no hay mayor explicación.  Tengo que admitir que mujer siempre he sido, que mi niña interior y yo estamos haciendo las pases y que, a veces, todavía sigo siendo terca, rejega, obstinada, distraía, testatura, agridulce, crédula e infantil. Me cuesta un poco no caer en las rutinas pero es más mi aversión por ellas que, en general, logro romperlas un poco durante el día. 
Soy azul, como ojera de mujer que está acostumbrada a recibir malas noticias y a comunicarlas de forma que no se sienta tanto el chingazo; como un listón azul, que cuelga del cabello de una niña que corre a la orilla de un parque; azul, como la catarsis que se siente en el pecho cuando cantas en el concierto de tu banda favorita; azul, como el amanecer después de una noche en penumbras. 
Azul, como un arbusto lleno de plúmbagos. 

Luego, en la entrevista que me hacía (o quizá alguien más me hizo y yo solo la vine a escribir aquí), me preguntaba cuáles eran mis virtudes y defectos. Quiero pensar que no comprendía bien la pregunta, porque más que "virtudes" escribí cosas que la gente decía que no les gustaba de mí, y en los "defectos" puse cosas que a mí no me gustaban de mí. Después (porque no ha sido la única vez en que he escrito sobre ello, a lo largo de mis años), comencé a describirme como una mujer "fuerte e independiente", "inteligente y perfeccionista", alternando entre que si era defecto o virtud. Pero hoy, que conozco más palabras y, principalmente, que me conozco más a mí, creo que de entre mis cualidades (que a veces son defectos y otras virtud) podría decir que soy impaciente, resiliente, curiosa y apasionada. 

Hace diez años me veía "rota, cansada, a medias, avanzando a paso lento y aparentemente firme. 
Estudiando, estudiando mucho". Hoy (que es el futuro), me así pero no completamente: Un poco "rota" pero la terapia ha funcionado mejor el resistol para irnos pegando; "a medias" no, porque no tengo un destino fijo así que no sé en qué parte del camino estoy; "aparentemente firme" tampoco, porque soy muy consciente de que me balanceo todo el tiempo, que a veces me tropiezo, otras voy a gatas, algunas a rastras y muchas veces me siento a descansar un ratito; "estudiando" tampoco, y por fortuna, ya no lo veo como una obligación. 

De la carrera... es todo un tema pero, licenciadas, ya somos. 

De lo que espero de mí, sigue siendo lo mismo: "que no se me olviden las razones por las cuales empecé a vivir". 

De esta entrevista, solo me queda agradecerme por cuestionarme en cada momento de la vida, porque es así que más he aprendido de mí. Me queda recordarme que no hay respuestas correctas o incorrectas y que, aún y cuando las ideas no se hayan desarrollado bien del todo, la interpretación de éstas depende de lo que quiera entender y, hoy, decido entender que las cosas cambian, crecen, evolucionan, se extinguen y al final... está bien (aunque a veces no se sienta).


martes, 19 de abril de 2022

Cuéntame de tus manos, porque hace mucho no las veía.

Lo último que recordaba es que estaban frías y me entregaban un montón de libros para así por fin decirme adiós; que se movían ansiosas, dando vueltas en sí mismas, la última vez que discutimos; que llevabas las uñas largas porque ya no te había molestado diciendo que te las cortaras, y que cada vez se iría haciendo más larga la distancia  entre éstas y mi corazón.

¿Tienes algún lunar nuevo? ¿Cuándo fue la última vez que tocaron algo suave?
¿Qué historias escribieron? ¿A cuántos enemigos mataron en un videojuego?
¿Cuál fue la última emoción que las hizo temblar? ¿Era miedo? ¿Eran nervios? ¿O no podías dejar de llorar?
¿Cuántas frutas te ayudaron a pelar? ¿Qué estabas cocinando la última vez se quemaron? 
¿Qué sensaciones nuevas describieron y en qué parte de tu cuerpo te gusta ponerlas a descansar?
¿Cuántas veces han pedido disculpas? ¿A cuántas personas le han agradecido? 
¿Cómo se siente el viento cuando las roza? ¿A qué huelen cuando vas al mar?
¿Cuántas personas señalaron injustamente? ¿Dónde las escondiste después de robar?
¿A qué se siguen aferrado? ¿Qué es lo que no han podido soltar?
¿Cómo las limpias después de una pandemia? ¿De qué color prefieren pintar?
¿Cuál es el rostro que llevan grabado? ¿Qué mensaje se arrepintieron de borrar?
¿Han tocado alguna nube? ¿Qué poema les hubiera gustado inventar?
Y es que me gustaría saber tantas cosas de ellas.
¿Extrañaban mi cabello? ¿O mi cuello? ¿O mi cintura? 
¿Recordaban a las mías? ¿O el latir de mi pecho? ¿O sentir cuando las presionaba contra mis labios?
¿Alguna vez quisieron regresar? ¿Y la temperatura de mi cuerpo, aún la podrán calcular?
¿Aún son buenas para apretarme y recordarme que aquí estás? ¿O estarían dispuestas a limpiarme las lágrimas otra vez? 
¿Crees que quieran repasarme los lunares del pecho? ¿O dibujarme florecitas en la espalda?
¿Podrían sostener un libro mientras me lees antes de quedarme dormida? ¿O quizás traten de sostenerme cuando ya no pueda más? 

Cuéntame de tus manos, porque hace mucho no las veía. Cuéntame qué han hecho durante todos estos años, porque las mías no te dejaron de extrañar.



viernes, 27 de diciembre de 2019

I
Vengo de un largo
trayecto de abandonos
no soy la única
lo sé no lo presumo
pero son mis pies los míos
quienes recorren y recorrieron
el camino mis pies y no otros
mi cansancio y fatiga
intemperie de abrazos
sin consuelo
enmimismada.

No el suelo bajo los pies
sino mis pies sobre la tierra
inaudita intromisión
imposible contacto
con todo y tanto andar
de paso y paso a paso

Los pies que no vuelan
los pies torcidos
la cuesta arriba
el bordón quebrado
quebrantado apoyo
mis pies cautivos sin alas
sin compañeros de destino
largo viaje de abandonos
los míos

Imagen y semejanza
de un olvidado ritmo
eterno partir y partirse
el talón el empeine
la planta la huella
el tiempo todo lo borra dicen
sin empacho los sedentarios
ajenos a la herida la magulladura
el tránsito descalzo

Andar sin artificios
peregrino a Compostela
daba igual la dirección
pues todo fue signo
itinerario sin trazo
que los pies me lleven dije
donde esté mi alma

Ningún fuego consumió
sin embargo tanta pisada
en las hogueras para alumbrar
la ruta
ninguna lágrima tampoco
las secó
todo ahora quedaría como un andar
en sueños
salvo por las cicatrices
y una contumaz renquera.

-Esther Seligson.