domingo, 29 de diciembre de 2013

Me sobra todo, me faltas tú.

Me sobra la noche, las estrellas, las nubes gris, me sobra un cigarrillo en la caja, me sobra el café de la mañana. Me sobran los amaneceres, las flores llenas del rocío, la lluvia en la ventana, la almohada fría, los dedos de mi mano derecha. Si me faltas tú, me sobra todo.
Me sobran motivos tristes, canciones de melancolia, un dia de cada semana , dos horas antes de dormir, los besos en la frente y un control de xbox.
Me sobran los viajes de ida y volver, un capítulo por leer, un libro por escribir, una cámara por comprar y cientos de fotos en las que has de salir rozándome con tu barba.
Me sobran las letras, las risas y un par de libros por narrar.
Me sobran las notas del piano, los acordes del viento y el compás de tu voz.
Me sobra la lluvia, el cielo gris y una caja de tizas pastel.
Me sobra la ropa interior, el labial rojo y las uñas largas. Me sobra la minifalda y los zapatos de tacón.
Me sobran los nudos en el cabello, en la garganta y en los audifonos.
Me sobra esta hoja en blanco, y este suspiro sin dueño.
Me sobra todo, me faltas tú.

Hoy no.

Hoy no voy a escribir sobre nosotros. Sobre lo que fue y no será.
No voy a hablar de tus manías, de la manera en que arrugas la frente cuando tratas de recordar, de tu boca apretada cuando te concentras en algún dibujo, del brillo de tus ojos cuando estás feliz, del tono de tu voz cuando intentas no romper en llanto, de tus manos serenas cuando te resignas a fallar, de tus miradas lascivas cuando me acomodo el sostén, de tu espalda caída cuando tu cuerpo ya no aguanta más. No voy a recordarte mordiendote el labio inferior, tus dedos formando un triángulo cuando quieres seguir la conversación, tu mirada vacía y abismal cuando te encuentras sin salida, tu lengua relamiendo los labios cuando mientes.
No quiero decir que el cielo es tan gris que extraño tus pinturas al óleo, que el frío me cala en los huesos que no han de estar bajo el abrigo de tus brazos, que me sangran los labios por no poderte besar, que el maquillaje en mi rostro no es más que un antifaz. No  quiero que sepas que me compré un vestido para un baile al que sé no me acompañarás, ni que mis botas de lluvia se convirtieron en basura desde que no estás para brincar conmigo en los charcos. No te voy a contar que en este preciso instante estás desenredando mis trenzas y limpiando las lágrimas que se empeñan en salir. ¡Ya no! ¡No otra vez! ¡Te juro que no es otro 28 en que mis ojos se niegan a cerrarse! ¡Juro que no me estoy aferrando a algo que ya terminó!
No estoy escribiendo otra nota absurda que no has de leer, te prometo que no son letras empapadas en un ¡Quédate, regresa por favor! Ya no, mi vida. Ya no.
Y es que en medio de tanta agonía sigues latente, y yo sigo intentando vivir.
Pero es que esto no se trata de ti, ni de cuánta falta me haces, ni de todos esos tragos amargos que llevan tu nombre. No se trata de las fotos, los mensajes, los dibujos. No se trata de la ropa, de los peluches, de mi alcancía y mucho menos de mis botas.
Esta entrada no habla de ti, de tus besos en mi espalda, de tus dedos en mis hombros ni de cómo tu lengua desciende por mi pecho.
No, mi vida. Esta entrada habla de mí y de lo estúpida que sigo siendo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño.

Él es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo
entiende todo a derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de una zurda, lo dice todo.
Me mira y se cree que no le veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la
puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...
Él es uno de esos príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las princesas que los
habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque él ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no
todas las mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño.