lunes, 15 de julio de 2013

Vivir.

Subir a un columpio.
Andar en bicicleta.
Saltar en los charcos.
Arrancar las flores.
Beberse la lluvia.
Soltar un globo.
Dar vueltas hasta marearse.
Vivir.

Escalar escuelas.
Caminar kilómetros.
Bailar hasta empaparse de sudor.
Llenarte de dudas.
Tomar alcohol hasta vomitar.
Enamorarse como si fuese la primera vez.
Perseguir círculos viciosos. 
Vivir.

Viajar en coche.
Correr para no llegar tarde al trabajo.
Llenarse la mirada de orgullo y felicidad en forma líquida.
Preocuparse de más.
Tomar café cada mañana.
Hacer el amor lentamente.
Leer un libro.
Vivir.

Dar sabios consejos.
Disfrutar el paisaje.
Llorar por el pasado y sonreír por el futuro.
Resignarse.
Beberse el orgullo.
Abrazar como si fuese despedida.
Recordar.
Vivir. 


domingo, 7 de julio de 2013

Dios sabe que soy fuerte, yo sé que soy fuerte... Aunque a veces no crea en ninguno de los dos.

Hoy estuve a punto de entrar a una iglesia.
Estaba en la puerta, debatiéndome entre un "'¿por qué no? y un "¿para qué?".
Mientras luchaba internamente entre mis creencias y mis necesidades observaba a través del vidrio, escuchaba al padre predicar la lección del día, me dejaba llenar por la paz del lugar, el silencio embriagador que te acoge cual buen samaritano, respiraba ese olor a incienso, a promesas, a esperanza, a fe.
Quise entrar, arrodillarme y llorar como no lo he hecho hace meses, gritar -en mi mente-, maldecir, reprochar, reclamar, exigir. Quise llorar con sentimiento, con congoja, con arrepentimiento, con dolor.
Quería dar gracias a él -a Dios-, a mi familia, a mis amigos, a mí misma. Quise disculparme con todos ellos -conmigo-, pedir perdón y ahí arrodillada suplicar clemencia. Quise hablar, decir todo cuanto he callado, liberarme, sacar esa malteada de emociones que se acumula en mi cuerpo en forma de bilis. Quería contarle a alguien que ya no te extraño, que extraño la manera en que me hacías ver el mundo, la manera en que podía sonreír, la fortaleza con la que me podía levantar.Quise borrar todo rastro de rencor para conmigo, porque soy tan estúpida que cualquier decepción que cause alguien más va dirigida para mí misma, por confiar. 

Yo solo quería liberarme, creer en alguien -aún y jamás lo haya visto-, confiar, y tener fe en algo... otra vez.


Hoy estuve a punto de entrar a una iglesia.
Quise calmar mi llanto con profecías, saciar mi sed con silencio y que los pulmones se me llenaran de paz. Sentirme querida, abrazada por alguien, acompañada. Quise dejar a un lado mi miseria, mi autocompasión estúpida, mi infelicidad injustificada, mi baja autoestima y mi soledad voluntaria. Y aún mientras olvidaba haber permanecido tanto tiempo arrodillada, y con las piernas adormecidas, sentirme segura. De mí, de quien me brinda su apoyo, de quien camina mi lado, de quien me acompaña, de quien se aloja en mi corazón.


Hoy estuve a punto de entrar a una iglesia. 
Quería contarle a alguien que soy débil, que mentí, que miento, que soy vulnerable, que no soy feliz. Quería contarle que estoy abatida y que me está costando muchísimo trabajo el poder levantarme y es porque se me han acabado los motivos de seguir. Quería llenarme de certeza, de motivos, de sueños, de fe. Quería que alguien me escuchara sin decir nada y que solo me abrazara con su calma, y alejara las dudas, los miedos y el rencor que me habita. Quería que no me juzgaran, que no se burlaran de mí, que no me cuestionaran, que no me observaran con desaprobación o fingieran entenderme. 

Hoy estuve a punto de entrar a una iglesia, pero fue más mi cansancio que mi fe.
Dios sabe que  soy fuerte, yo sé que soy fuerte... Aunque a veces no crea en ninguno de los dos.
Hoy estuve a punto de entrar a una iglesia, pero preferí seguir caminando con las penas sobre mis hombros. 

viernes, 28 de junio de 2013

No te estoy esperando.

Hace frío esta noche, igual que ayer, igual que hace un mes.

El brillo de la luna ya no intenta entrar por mi ventana, los rayos del sol ya no me dan los buenos días.
El viento se llevó tu aroma, tus caricias, tus promesas de un mañana.
La tierra está seca, caliente, árida; me quema los pies con la intención de no dejarme avanzar.
Las nubes están rebosantes de agua, me arrancaron las lágrimas y me han dejado seca.
Los árboles ya no dan sombra, se niegan a convertirse en el libro que narre nuestra historia.
Los senderos ya no llevan a ningún lado, se cruzan entre sí y se terminan en medio de la nada.

Mi cama está vacía, mi taza de café está vacía, mi mirada está vacía, mi alma está vacía.

Me compré zapatos, vestido, accesorios, un bolso y un lápiz labial rosado.
Uso sandalias, me arreglo el cabello, me maquillo a las cinco de la mañana.
Sonrío sutilmente cuando alguien intenta alegrarme el día.
Salgo mucho, voy a fiestas, bailo, canto, me tomo millones de fotografías, bebo ligero.

Camino lenta y suavemente, al compás con mis caderas, cruzo las piernas de manera discreta, me muerdo los labios, sonrío retadoramente, me voy con arrongancia.
Coqueteo, seduzco, utilizo, desecho, disfruto.

Me pica el pecho, quema, arde, duele; ahí, en ese lugar donde marcaste tu  huella indeleble.

He leído 10 libros en el mes. Me enamoré de 3.
He escrito 40 entradas en mi blog. Publiqué 7.
He publicado 160 tuits. Borré 350.
He salido con hombres 15 veces. Me divertí con 3.
He dado 10 besos. saboreé 1.
He ido a 6 fiestas nocturnas. Disfruté 2.

He bebido alcohol 15 veces. Me embriagué 1.
He tenido 16 propuestas de noviazgo. Acepté 1.

El espejo me devuelve una mirada funesta, muerta, podrida: cansancio, rencor, melancolía, tristeza.

Es el mundo, son los objetos, son cuentas... no soy yo.
Estoy en un barco sin timón, sin tripulación y con la tormenta dentro de mí.
Sigo caminando, sigo esperando, me sigo desmoronando.
Estoy rozando mi futuro con la yema de mis dedos, lo estoy escuchando, casi lo puedo saborear.
Es el camino, mis pasos, mis tropiezos, mis problemas, mis derrotas... soy yo.
Sigo en pie, saliendo de los escombros, trepando por la montaña peligrosa de mis decisiones.

No te estoy esperando, estoy esperando volver a ser sin ti.