martes, 6 de diciembre de 2011

Tu olor.

No sé qué me pasa contigo. Fue desde la primera vez que hicimos el amor. Tu olor se me quedó pegado al cuerpo y aunque me bañaba, seguía en trazas en cada rincón. Fue como si me hubieses marcado. Temía que si me acercaba mucho alguien, te sentiría en mí. Y tu olor me fascinaba, lo buscaba desesperada, lo aspiraba hasta marearme, entumecía mis sentidos y me provocaba tanto calor. Tu olor me puso en celo. Andaba gruñendo entre dientes, encendida de piel y boca, rogando por tu presencia luminosa en mi cuerpo que ardía por volverte a tener. Si me abrazabas me ponía en puntillas, hasta alcanzar tu boca y sentir tu aliento, devorarlo con mi boca, inhalarlo como una droga y sentir cómo me temblaban los pies. Y no me cansé de desnudarte, de hundir mi nariz en tu cuello,bajo tus brazos, entre tus piernas, tras tus orejas, entre tu pelo y comerme tu olor, apretarlo contra el paladar bien fuerte hasta sentirlo apoderándose de mi razón. Y me frotaba contra tí para que se quedara en mi cuerpo, para que se adheriera a mí. Y si te necesitaba, que era siempre, te buscaba en mi escote, en mis brazos, en mi pelo, en mis piernas, en mis manos, porque todo olía a ti. Siempre ensimismada y drogada por tu olor exquisito que me transformaba el día y las semanas. Desatendiendo razones para quitarte, para obviarte, para dejar esta adicción inconfesable, esta delicia bendita, este descubrimiento maravilloso.
Fue pasando el tiempo, lo imposible se hizo posible y seguimos caminando de la mano, amor. Y ahora puedo decirte que más que cualquier cosa en este mundo, más que el sonido del mar, más que el calor de mi cama en un día frío, más que un abrazo cuando quiero llorar, lo único que realmente me calma es sentir que estás. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Y si me cuentas un cuento?


"Cuéntame un cuento,vida. Abrázame a tu palabra. Engúlleme con tu boca.
Cuéntame del mar en la noche, del viento en tu ventana, de los corceles alados sobre las caracolas que llevas pegadas al pecho. Ábreme a tu mundo. Salgamos a volar un rato.
Déjame sin aliento, sorprendida. Clavada en la punta de la estrella que por mí has nombrado.
Arrebatada entre tus manos dulces.
Cuéntame un cuento, vida mía. Uno de cascabeles en mi pelo, de risas en el pasto e incendios sobre el lago.
Dame un lugar donde refugiarme, en la memoria de este cuento, en donde vivo por siempre, sin que me toque el miedo."

Y me dejas con la respiración entrecortada.


Ebria de tu piel, despierto en medio de la noche.

Has dejado la ventana abierta de par en par.
Mi piel erizada de frío atrapa la tuya, dulcemente caliente.
Huelo tu cuello y un escalofrío me recorre el cuerpo.
No conocía esta hambre, que de pronto se apodera de mí.
Sigo reptando por tu cuerpo, cuidando de no despertarte.
Estás tan vulnerable así, entregado a tu sueño,
que todos los pensamientos malignos se agolpan en mi pecho.
Quiero devorarte por entero.
Busco con mi olfato el secreto de todos tus rincones
y cada uno se entrega a mí sin remordimiento.
Llego a creer que de verdad estás despierto.
No sientes cómo me deslizo en tu entrepierna,
apenas te quejas cuando te recorro con mi boca,
me abrigo bajo tus brazos,
muerdo con mis labios tus muslos exquisitos.
Justo cuando mis rostro se pega al tuyo,
me atrapas en un abrazo.
Me susurras al oído,
"todo lo que has tocado es tuyo".
Y te duermes como si nada,
dejando mi corazón bombeando, enloquecido.